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La voz estadística de los cubanos

Cubamax y su nueva autorización: ¿alivio para las familias... oxígeno al sistema?

Cubamax y su nueva autorización: ¿alivio para las familias... oxígeno al sistema?

La reciente autorización otorgada a Cubamax para servicios de remesas vinculados a Cuba ha reavivado un debate recurrente dentro del exilio cubano. Para muchos, estas decisiones facilitan los tramites actuales; para otros, refuerzan un esquema económico donde parte del dinero termina beneficiando al Estado cubano. El tema vuelve a poner sobre la mesa la tensión entre necesidad familiar y postura política.

Facilita la vida del cubano de a pie
Cubamax cumple una función práctica y humanitaria en un contexto donde las opciones son limitadas y costosas.
La posibilidad de viajar con mayor regularidad, enviar paquetes, medicinas y ayuda directa reduce la incertidumbre y la angustia familiar, especialmente para quienes tienen padres, hijos o familiares enfermos en la isla.
Negar o restringir estos servicios no debilita al gobierno, pero sí empeora la situación de personas que ya viven en condiciones extremas. Además, se argumenta que gran parte del dinero que se mueve termina en manos privadas —transportistas, trabajadores y proveedores— y no necesariamente en un beneficio directo al aparato estatal. Digamos Sí a las Remesas.
Flujo económico que termina reforzando al poder
Cada dólar enviado entra en un circuito controlado por el Estado: tasas, tiendas en divisas, aduanas, aeropuertos, monopolios logísticos y financieros. Aunque el dinero llegue a una familia, una parte siempre termina en manos del poder.
Desde esta óptica, autorizaciones como la de Cubamax normalizan un flujo constante de divisas que permite al gobierno resistir, pagar importaciones básicas, sostener aparatos represivos y evitar reformas estructurales.
Para este sector, el discurso humanitario encubre una realidad incómoda: el exilio subsidia indirectamente a un sistema que no produce, no paga y no cambia. Las remesas tienen que estar fuera del sistema Estatal.
📊 Total de votos: 4
Los de Afuera NO votan

Los de Afuera NO votan

Millones de cubanos viven hoy fuera del país, muchos de ellos forzados por la crisis económica, la falta de libertades y la ausencia de oportunidades. Aun así, mantienen la ciudadanía, sostienen familias con remesas y siguen profundamente ligados al destino nacional. Sin embargo, están completamente excluidos de los procesos electorales. Para algunos, esta exclusión es una injusticia política; para otros, una condición lógica vinculada a la residencia. El debate enfrenta dos visiones opuestas de nación, ciudadanía y legitimidad democrática. ¿Debe el cubano residente en el exterior tener derecho a votar en las elecciones nacionales?

No debe poder votar (residencia es condición)
El voto debe ser ejercido por quienes viven de manera permanente en el país y enfrentan en carne propia las consecuencias diarias de las decisiones políticas. Quien reside en el exterior no sufre directamente la inflación, la escasez, el transporte colapsado ni los servicios públicos deteriorados. Permitir que personas que no viven esa realidad influyan en el rumbo político puede generar decisiones desconectadas del día a día nacional. Además, el voto desde el exterior abre la puerta a presiones, intereses y narrativas ajenas al contexto interno, lo que podría distorsionar procesos que deberían responder únicamente a la realidad doméstica. La participación política no puede desligarse completamente de la residencia efectiva. El derecho al voto no se pierde, pero se suspende mientras el ciudadano decide vivir fuera del país.
Sí debe poder votar (derecho ciudadano pleno)
Negar el voto al cubano que reside en el exterior es una forma de exclusión política deliberada. La ciudadanía no se pierde por emigrar, y mucho menos cuando esa emigración ha sido, en la mayoría de los casos, consecuencia directa del propio sistema. El Estado cubano sigue reconociendo a esos ciudadanos para cobrar pasaportes, prórrogas, trámites consulares y captar remesas, pero los ignora cuando se trata de decidir el rumbo del país. Además, las decisiones políticas tomadas en Cuba impactan directamente a la diáspora: afectan a sus familias, a sus propiedades, a su derecho de retorno y a su vínculo económico y emocional con la Isla. Excluirlos del voto no protege la soberanía; limita la representatividad real de la nación. Permitir el voto exterior ampliaría la legitimidad del sistema y reflejaría una Cuba más completa, diversa y acorde con su realidad demográfica actual.
📊 Total de votos: 4
Andy Pages: ¿Debe jugar por Cuba en el Clásico Mundial o no?

Andy Pages: ¿Debe jugar por Cuba en el Clásico Mundial o no?

El nombre de Andy Pages empieza a sonar cada vez más fuerte entre los aficionados cubanos al béisbol. Joven, talentoso, ya establecido en MLB y con proyección real de estrella, su posible participación con Cuba en un Clásico Mundial de Béisbol abre un debate profundo que va mucho más allá del deporte. Andy Pages no solo tendría que decidir si juega o no, sino qué mensaje envía con esa decisión.
No es un debate fácil, ni blanco o negro. Es identidad, memoria, política, familia, carrera… todo mezclado en un uniforme. Tu voto también cuenta. Porque este debate no es solo de Andy Pages… es de toda Cuba.

Sí debería jugar por Cuba
Andy Pages nació beisbolísticamente en Cuba. Fue formado en el sistema deportivo de la Isla, creció con esa escuela y, para muchos, representar a Cuba sería un acto deportivo, no político.
El Clásico Mundial no es un evento del gobierno, es un torneo de selecciones nacionales.
Cuba hoy no tiene el talento de antes; jugadores como Pages elevarían el nivel competitivo.
Para el pueblo cubano, verlo con el uniforme de Cuba sería una alegría genuina, una reconexión con figuras que hoy brillan fuera.
Otros países ya han normalizado que sus atletas emigrados representen a la nación sin exigir alineamientos ideológicos. La patria es la gente, no las instituciones, negar esa posibilidad es seguir castigando al aficionado común.
No debería jugar por Cuba
La selección cubana está controlada directa o indirectamente por el Estado, y jugar con ese uniforme implica legitimarlo.
El régimen utiliza cada victoria deportiva como propaganda política.
Los atletas que juegan por Cuba no pueden expresarse libremente ni solidarizarse con los problemas reales del pueblo.
Mientras Pages vive y juega en libertad, en Cuba hay peloteros vetados, excluidos o castigados por pensar distinto.
Jugar por Cuba sería, para algunos, traicionar a quienes no pueden salir, ni decidir.
📊 Total de votos: 3
¿Qué sería del turismo sin la Revolución en Cuba?

¿Qué sería del turismo sin la Revolución en Cuba?

Antes de 1959, Cuba era uno de los principales polos turísticos del hemisferio occidental. Hoy, pese a recibir millones de visitantes, el turismo cubano genera bajos ingresos netos, tiene mínima captación de divisas reales y una fuerte dependencia estatal.

Cuba ha construido más de 75 000 habitaciones hoteleras, Tasa de ocupación real: por debajo del 25 %

En RD y Cancún: entre 65 % y 80 %

Un dato humillante

Salario promedio trabajador turístico en Cuba: US$20–30 mensuales

Salario promedio en RD: US$500–700

En Cancún: US$800–1 200

El contraste con otros destinos del Caribe abre una pregunta inevitable y difícil de esquivar: ¿cuánto crecimiento turístico, económico y social dejó de materializarse en Cuba a partir del modelo impuesto tras la Revolución? Mientras países con menos recursos naturales lograron diversificar su economía, atraer inversión y elevar el nivel de vida de su población, Cuba siguió un camino distinto. ¿Fue una oportunidad histórica perdida para convertir al turismo en motor de prosperidad nacional, o un sacrificio necesario para priorizar un desarrollo más equitativo y soberano? Hoy, con décadas de distancia, el debate sigue abierto y la respuesta depende de cómo cada cubano valore el balance entre ideales, resultados y realidad cotidiana. ¿Se perdió una oportunidad histórica de prosperidad o se ganó justicia social? Hoy, los resultados están a la vista. ¿Qué opinas tú?

La Revolución evitó un modelo turístico desigual y dependiente.
Antes de 1959, el turismo representaba cerca del 25 % de la economía habanera, pero estaba concentrado en zonas específicas y en manos privadas.
La Revolución eliminó casinos, grandes capitales extranjeros y priorizó el control estatal del sector.
El objetivo fue evitar que Cuba se convirtiera en una economía “mono-turística” dependiente del capital externo.
Países como República Dominicana o Jamaica generan más ingresos turísticos, pero mantienen altos niveles de desigualdad, zonas hoteleras aisladas y economías locales poco diversificadas.
El modelo cubano intentó usar el turismo como fuente de divisas para financiar servicios sociales, no como motor privado de acumulación.
El problema no es la Revolución en sí, sino factores externos, sanciones, crisis globales y errores de gestión.
Un turismo masivo sin control habría generado crecimiento económico, pero no necesariamente desarrollo social equitativo.
Cuba evitó una economía subordinada 100 % al turismo.
No permitió casinos, privatización total ni dominio extranjero absoluto.
La Revolución sacrificó eficiencia económica a cambio de control y soberanía, evitando que el turismo dominara y deformara toda la economía nacional. Esto sumado al bloqueo y las restricciones al turismo americano, limita severamente el potencial turístico. Con EE. UU. fuera y finanzas restringidas, el turismo cubano es como si compitiera con una mano atada.
Sin la Revolución, Cuba sería hoy una potencia turística y financiera.
En 1957, Cuba recibió ≈270 000 turistas, una cifra altísima para la época, con ingresos estimados en US$740 millones actuales ajustados por inflación.
La Habana era el principal destino turístico del Caribe, por encima de Bahamas, Puerto Rico y República Dominicana.
En 2023, Cuba recibió ≈2,4 millones de turistas, pero con ingresos estimados en US$1 200–1 400 millones, muy por debajo del potencial.
Comparación regional directa (2023):
República Dominicana: 10+ millones de turistas, US$10 000 millones en ingresos turísticos
Cancún (México): ≈9 millones de turistas, US$17 000 millones solo en Quintana Roo
Cuba: ≈2,4 millones, menos de US$1 500 millones.
Con playas similares, mejor ubicación geográfica y una capital histórica única, Cuba debería estar mínimo en el rango de US$8 000–12 000 millones anuales en turismo. Eso significa que el país deja de ingresar entre US$6 000 y US$10 000 millones cada año.
Además: Más del 70 % del ingreso turístico cubano queda en empresas estatales (GAESA y cadenas asociadas).
El trabajador turístico promedio gana US$20–30 mensuales, mientras en RD supera los US$500.
La Revolución no protegió el turismo; lo congeló, lo centralizó y lo volvió ineficiente, eliminando inversión, competencia, innovación y prosperidad ciudadana.
El turismo cubano no saca a nadie de la pobreza.
Es un sector extractor de divisas para el Estado, no generador de prosperidad.
📊 Total de votos: 3
Religión en Cuba

Religión en Cuba

La libertad religiosa forma parte de los derechos fundamentales y refleja el vínculo entre fe, poder y sociedad. Para el Estado, existe un marco legal que garantiza la práctica religiosa; para otros, persisten controles, límites y condicionamientos que restringen la autonomía real de las comunidades de fe.

Cuba garantiza la práctica religiosa dentro del marco legal y social del país.
En Cuba existe libertad de culto y respeto a las creencias religiosas. Las instituciones religiosas pueden funcionar, crecer y participar en la vida social siempre que respeten la legalidad vigente. El Estado se presenta como garante del equilibrio entre fe, orden social y soberanía nacional.
Las religiones son toleradas mientras tanto no se cuestione al poder del Estado.
Desde esta postura, la libertad religiosa está condicionada por el control estatal. Comunidades, líderes y creyentes enfrentan vigilancia, restricciones y represalias cuando su fe se vuelve independiente o crítica. La religión, según esta visión, es aceptada solo mientras permanezca subordinada al poder político.
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Derechos de las personas LGBTIQ+

Derechos de las personas LGBTIQ+

Los derechos de las personas LGBTIQ+ generan uno de los debates sociales más visibles en Cuba. Para el Estado, se han producido avances legales y culturales importantes; para otros sectores, persisten la discriminación, el control institucional y la falta de libertades plenas. Dos visiones opuestas sobre una misma realidad.

Cuba avanza en el reconocimiento legal y la protección de la diversidad sexual.
Cuba ha dado pasos significativos en el reconocimiento de los derechos LGBTIQ+, con reformas legales, políticas públicas inclusivas y educación social contra la discriminación. El Estado se presenta como garante de igualdad, promoviendo el respeto, la protección jurídica y la inclusión dentro del marco institucional del país.
Sin libertades plenas, la inclusión LGBTIQ+ sigue parcial y controlada.
Desde esta postura, los avances legales no compensan la falta de libertades reales. La comunidad LGBTIQ+ enfrenta censura, represión de activismo independiente y límites a la expresión pública. Los derechos, según esta visión, existen mientras no cuestionen al poder, dejando la igualdad supeditada al control político.
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Tu vejez está garantizada?

Tu vejez está garantizada?

¿Red de protección mínima o colapso moral del sistema social? Tu voto expone la realidad que muchos prefieren ocultar.

Sin el amparo del Estado, la vejez en Cuba sería un abandono total y una condena aún más brutal.
La seguridad social cubana ha evitado el abandono total de los ancianos en un país empobrecido y envejecido, garantizando pensiones universales mínimas incluso en crisis extremas; según esta visión, sin ese amparo estatal miles de adultos mayores quedarían completamente desprotegidos frente a una realidad aún más brutal.
En Cuba, envejecer es ser desechado por un sistema que prometió protección y entregó miseria.
La tercera edad en Cuba enfrenta una emergencia humanitaria silenciosa: pensiones insuficientes, escasez constante y abandono institucional obligan a muchos ancianos a sobrevivir con ayuda familiar o mendicidad, evidenciando que el sistema social prometido colapsó y convirtió a quienes trabajaron toda su vida en víctimas invisibles actuales.
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Migración cubana

Migración cubana

¿Es la migración una agresión inducida desde fuera o la consecuencia inevitable de un país que expulsa a su gente? Vota y haz visible tu posición.

La emigración es consecuencia de presiones externas y una vía de superación.
La migración masiva es consecuencia directa del bloqueo externo, la manipulación política y las campañas que incentivan la salida ilegal, desangrando al país de fuerza laboral joven y calificada, mientras el Estado intenta sostener servicios básicos bajo presión económica constante.
La emigración masiva es el voto silencioso de quienes ya no ven futuro en el país.
La migración es un voto de escape contra un sistema que no ofrece futuro, donde millones huyen no por propaganda externa, sino por falta de libertades, salarios indignos y ausencia de oportunidades reales, convirtiendo al éxodo en el mayor referendo silencioso contra el poder.
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Capitalismo, socialismo… ¿o a la mitad?

Capitalismo, socialismo… ¿o a la mitad?

Durante décadas, Cuba no debatió modelos: los heredó. El socialismo marcó la vida cotidiana de varias generaciones:
trabajo, salarios, vivienda, consumo, aspiraciones.
Para algunos, fue protección. Para otros, fue estancamiento. El capitalismo aparece en el imaginario como promesa de eficiencia, pero también como miedo a la desigualdad y al “sálvese quien pueda”. Y entre ambos surge una pregunta cada vez más común,
no ideológica sino práctica: ¿Por qué Cuba no puede tener un sistema que funcione? Hoy el debate no atraviesa solo a los jóvenes, sino a: trabajadores que no viven de su salario, familias que dependen de remesas, profesionales que no prosperan, jubilados que no les alcanza la pensión.

El problema ya no es qué sistema es más justo en teoría,
sino cuál funciona en la vida real.

Estado fuerte y protección social como base del país
El socialismo en Cuba nació como una respuesta histórica a la desigualdad,
la dependencia y la exclusión.
Durante décadas garantizó derechos básicos
que en muchos países quedaron en manos del mercado:
salud, educación y protección social.
Las dificultades actuales no invalidan el modelo,
sino que reflejan errores de gestión, bloqueo externo
y falta de actualización económica.
Abandonar el socialismo sería renunciar
a la idea de que el Estado debe proteger a todos,
no solo a quienes pueden competir.
Para muchos cubanos, el problema no es el sistema,
sino cómo se ha aplicado.
Libertad económica para producir, crecer y prosperar
Después de más de medio siglo,
el socialismo cubano ya no se evalúa por ideales,
sino por resultados visibles.
Salarios que no alcanzan,
producción estancada,
dependencia de remesas
y un Estado que controla mucho pero resuelve poco.
El capitalismo no promete igualdad perfecta,
pero sí incentivos, productividad y crecimiento real.
Muchos creen que Cuba necesita liberar la iniciativa privada,
permitir prosperar sin permisos
y dejar de castigar el éxito económico.
Para esta visión, el problema de Cuba no es externo:
es estructural.
Justicia social con espacio real para crecer
Cuba no tiene por qué elegir entre extremos.
Ni un Estado que lo controle todo
ni un mercado que lo decida todo.
Un modelo mixto permitiría: un Estado fuerte en salud, educación y protección social
un mercado real que produzca, innove y genere riqueza
reglas claras, estables y sin ideología como filtro
Muchos países han crecido así,
combinando justicia social con eficiencia económica.
Para esta visión, el debate no es capitalismo vs socialismo,
sino qué funciona y qué no.
Cuba no necesita pureza ideológica,
necesita un sistema que funcione en la vida real.
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Cuba, un futuro para los jóvenes?

Cuba, un futuro para los jóvenes?

¿Crees que hoy Cuba ofrece un futuro real a sus jóvenes?

El futuro existe si se cree y se resiste, las dificultades no anulan el proyecto de país.
Cuba atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia,
pero no es la primera vez que su juventud enfrenta adversidad. Las oportunidades no siempre llegan rápido,
y muchas veces el verdadero compromiso se mide cuando las condiciones son más difíciles. Creer que no hay futuro es rendirse antes de tiempo. El país necesita a sus jóvenes para transformarse desde dentro, no para abandonarlo cuando más los necesita. La historia de Cuba no se construyó con comodidad, sino con sacrificio y permanencia. El futuro no se hereda: se construye resistiendo.
El país no les ofrece oportunidades reales. La mayoría solo ve el futuro fuera de Cuba.
Para muchos jóvenes cubanos, el futuro dejó de ser una promesa
y se convirtió en una pregunta sin respuesta. Estudian, trabajan, se sacrifican…pero no avanzan. No deciden. No prosperan.
Cuando el proyecto de vida solo es posible fuera del país, ya no se trata de falta de compromiso, sino de falta de horizonte.
Un país que obliga a sus jóvenes a irse no pierde solo población: pierde energía, innovación y esperanza. Sin jóvenes con futuro, no hay futuro posible para Cuba. Un país puede sobrevivir sin muchas cosas. Pero cuando pierde a sus jóvenes, pierde el mañana.
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Pasión socialista en el nombre

Pasión socialista en el nombre

Los nombres también votan.
¿Son una herencia de convicción que evoluciona con el tiempo
o una señal silenciosa de ruptura con un relato que ya no se quiere repetir?

Un nombre no es solo identidad.
Es memoria, esperanza… o distancia.
¿Qué está diciendo hoy Cuba cuando nombra a sus hijos?

La ideología Socialista permanece, aunque los nombres cambien con el tiempo
En Cuba, los nombres nunca han sido casuales. Durante años reflejaron convicción y compromiso.. Ponerle a un hijo el nombre de un líder revolucionario no era fanatismo, era reconocimiento a quienes cambiaron el rumbo del país y ofrecieron dignidad, soberanía y sentido de pertenencia. Que hoy esos nombres aparezcan menos no significa rechazo, sino una evolución natural de las formas. Las ideas no siempre se repiten en palabras,
a veces se conservan en valores, en educación y en memoria. La identidad revolucionaria no depende de un nombre propio, sino de la conciencia social que se transmite en el hogar. Los símbolos cambian, pero el proyecto sigue vivo
en quienes aún creen que la historia no fue en vano.
La fe se diluye cuando los nombres dejan de repetirse en nuevas generaciones
En Cuba, los nombres también cuentan historias. Y hay una que ya casi no se repite. Durante décadas, muchos padres pusieron a sus hijos nombres cargados de ideología política y lealtad, creyendo que eso abría caminos y aseguraba futuro. Hoy, esa emoción ya no existe. No hay orgullo, hay precaución.No hay fe, hay cansancio. El nombre dejó de ser un homenaje y pasó a ser una estrategia de supervivencia:
que no lo señalen, que no lo marquen, que no lo aten. Cuando los nombres revolucionarios desaparecen de los recién nacidos, no es una moda: es una señal clara.
La señal de que una generación ya no quiere heredar símbolos
que no le prometen nada a sus hijos.
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Natalidad en Cuba

Natalidad en Cuba

Cuba atraviesa una de las tasas de natalidad más bajas de su historia, con un acelerado envejecimiento poblacional. Para el Estado, la caída responde a factores económicos globales y cambios culturales; para otros, es el reflejo directo de la falta de futuro, estabilidad y condiciones materiales para formar una familia. Dos lecturas de una misma realidad.

La baja natalidad responde a cambios demográficos y sociales de largo plazo.
La disminución de la natalidad está vinculada a transformaciones demográficas, económicas y culturales comunes en muchos países. El Estado impulsa políticas de apoyo a la maternidad, subsidios, atención médica y programas sociales para proteger a las familias y crear condiciones que favorezcan la decisión de tener hijos.
Cuando el futuro se vuelve incierto, los sueños de formar una familia se detienen.
La baja natalidad es una señal de crisis profunda. La precariedad económica, los bajos salarios, la escasez y la emigración masiva han roto la confianza en el futuro. Para muchos jóvenes, formar una familia en Cuba implica incertidumbre, sacrificio extremo y ausencia de perspectivas reales.
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Educación pública en Cuba

Educación pública en Cuba

Una misma escuela, dos lecturas opuestas. Para unos, la educación cubana sigue siendo un pilar de igualdad y acceso universal; para otros, es un sistema en deterioro que ya no garantiza calidad ni futuro. Este debate enfrenta el relato histórico con la experiencia cotidiana de estudiantes, maestros y familias.

La educación cubana sigue siendo un escudo de igualdad frente a la pobreza y la exclusión.
La educación pública cubana ha garantizado durante décadas acceso universal y gratuito, incluso en contextos de extrema escasez. Según esta visión, pese a carencias materiales, el sistema evita que el origen social determine el acceso al conocimiento, formando profesionales y manteniendo la educación como un derecho, no como un privilegio de mercado.
La escuela dejó de formar futuro y hoy sobrevive entre abandono, propaganda y éxodo docente.
La educación en Cuba atraviesa un colapso silencioso: aulas vacías, maestros mal pagados y programas desactualizados. Para muchos, el sistema ya no educa, adoctrina; no forma, sobrevive. La gratuidad perdió sentido cuando la calidad cayó, y estudiar dejó de ser una vía real de progreso personal.
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Remesas

Remesas

¿Las remesas fortalecen a las familias o sostienen un sistema que no responde? Vota y deja claro de qué lado estás.

Regular las remesas es una forma de proteger a las familias y fortalecer la economía nacional.
Las remesas constituyen un sostén vital para millones de familias cubanas y una fuente legítima de ingresos para la economía nacional; regularlas mediante canales estatales permite ordenar flujos financieros, reducir ilegalidades y asegurar que esos recursos contribuyan a la estabilidad económica general del país.
Las remesas pierden sentido cuando el Estado las transforma en moneda sin valor adquisitivo real.
El Estado nunca debió intervenir en las remesas. Al hacerlo, las convierte en monedas sin tasa real, frecuentemente devaluadas o artificiales, que erosionan el poder adquisitivo del receptor. El sector privado, en cambio, transfiere valor real, reduce costos y respeta el carácter familiar de la ayuda.
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Protección animal

Protección animal

¿Debe el Estado priorizar el control y la gradualidad, o asumir una responsabilidad inmediata frente al maltrato animal? Tu opinión cuenta. Vota y participa en el debate.

"Una sociedad que protege a sus animales demuestra el nivel real de su humanidad".

La prioridad del Estado cubano debe ser la supervivencia humana antes que el activismo animal.
La protección animal no puede imponerse como prioridad en un país con carencias humanas extremas; debe ser regulada y subordinada al control estatal, evitando que el activismo emocional desplace recursos, autoridad y atención de problemas considerados más urgentes para la supervivencia social.
Si el Estado abandona la compasión, la crueldad se vuelve norma y los animales pagan el precio.
La falta de protección animal refleja el abandono moral del Estado totalitario cubano, donde el maltrato es tolerado por negligencia institucional, ausencia de leyes efectivas y desprecio por la vida, convirtiendo a los animales en víctimas silenciosas de un sistema que normaliza la crueldad.
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El MLC: ¿salvavidas económico o esquema de extracción de divisas?

El MLC: ¿salvavidas económico o esquema de extracción de divisas?

¿Qué es realmente el MLC para Cuba?

Un mecanismo necesario para sobrevivir la crisis

Esquema insostenible que transfiere la carga al pueblo.

"Dólares reales hoy. Promesas vacías mañana"

"El dinero entra, la mercancía desaparece"

"No es libre, no es convertible, y no es moneda"

El MLC es un mecanismo de emergencia para sostener al país en medio de una crisis externa sin precedentes.
“El sistema de Moneda Libremente Convertible (MLC) surge como una respuesta obligada ante la pérdida de ingresos externos, el endurecimiento del bloqueo y la caída del turismo. Ante la falta de divisas, el Estado crea un mecanismo para captar dólares que permitan importar alimentos, medicamentos y productos básicos que el país no puede producir internamente.
El MLC no es un privilegio, sino una herramienta de emergencia económica. Sin esta vía de captación, el país quedaría completamente desabastecido. Las dificultades actuales no invalidan el modelo, sino que reflejan una coyuntura excepcional. La prioridad es sostener el funcionamiento mínimo del país hasta que las condiciones externas mejoren.”
El MLC sobrevive solo mientras entren nuevas divisas, trasladando su colapso a los ciudadanos.
“El sistema de Moneda Libremente Convertible (MLC) es percibido por muchos cubanos como un mecanismo con rasgos de esquema tipo Ponzi, donde la supervivencia del modelo depende de la entrada constante de nuevas divisas desde el exterior. En lugar de generar riqueza interna, el sistema se sostiene captando dólares de una parte de la población para cubrir déficits estructurales que no se resuelven.
El MLC no redistribuye, sino que recicla divisas: lo que entra hoy sirve para tapar la escasez de ayer. Cuando el flujo disminuye, el sistema se debilita y traslada el costo a los ciudadanos. Las dificultades actuales no son una coyuntura excepcional, sino una señal de agotamiento de un modelo que funciona mientras alguien más siga poniendo dinero.”
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Crisis energética en Cuba

Crisis energética en Cuba

“Apagones, colapso o resistencia nacional.”

Para unos, la crisis energética es consecuencia directa de sanciones externas y falta de recursos; para otros, es el resultado de décadas de mala gestión, dependencia estatal y ausencia de inversión estructural.

Los apagones son parte de una gestión para recuperar y fortalecer el sistema energético.
La crisis energética es consecuencia del bloqueo, la falta de acceso a financiamiento y las dificultades para adquirir combustible y piezas de repuesto. El Estado aplica apagones programados para sostener el sistema eléctrico nacional y garantizar servicios esenciales mientras trabaja en su recuperación.
Los apagones permanentes son la prueba diaria del colapso y la incapacidad del sistema nacional energético.
La crisis energética es consecuencia de años de mala gestión gubernamental, falta de inversión y dependencia de un sistema obsoleto que no garantiza estabilidad. Los apagones programados no son una solución, sino una forma de trasladar a la población el costo del colapso del sistema eléctrico mientras no se aplican reformas reales.
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Salarios

Salarios

¿Salarios bajos o garantías sociales suficientes?

El salario es uno de los temas más sensibles para la población cubana y refleja las tensiones entre ingresos, precios y subsidios estatales. Mientras algunos defienden el modelo por sus garantías sociales, otros señalan que el salario no cubre las necesidades básicas del día a día.

El salario se sostiene con garantías sociales que aseguran protección básica a la mayoría.
Los salarios en Cuba son parte de un modelo social que prioriza el acceso universal a servicios básicos como salud, educación y subsidios. Aunque los ingresos son bajos, el Estado busca proteger a los trabajadores mediante incrementos salariales graduales, control de precios y garantías sociales en un contexto económico adverso.
Los salarios suben en el papel, pero la vida sigue siendo impagable para la mayoría de los cubanos de a pie.
Los salarios en Cuba forman parte de un modelo económico que no logra cubrir las necesidades reales de los trabajadores y depende de subsidios limitados para sostenerse. Aunque se anuncian aumentos salariales y controles de precios, la inflación y la escasez reducen su impacto y dejan a gran parte de la población sin poder adquisitivo real.
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Sistema de Salud

Sistema de Salud

El sistema de salud cubano es presentado por unos como uno de los mayores logros de la Revolución, con cobertura universal, formación médica masiva y reconocimiento internacional; para otros, es un modelo sostenido por propaganda estatal, marcado por escasez crónica, deterioro de hospitales, éxodo de profesionales y una brecha creciente entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana de los pacientes.

El sistema de salud cubano es público, gratuito y universal, diseñado para garantizar atención médica a toda la población sin importar ingresos. El Estado prioriza la prevención, la cobertura nacional y la formación de médicos, incluso en un contexto de limitaciones económicas, sanciones externas y escasez de recursos.
El sistema de salud cubano atraviesa una crisis profunda marcada por la escasez de medicamentos, insumos y personal. Hospitales deteriorados, largas esperas y falta de atención contrastan con la exportación de médicos, mientras los cubanos tienen un acceso cada vez más precario a la salud.
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